Internet, el medio de medios, nacía en el CERN (Organización Europea para la Investigación nuclear) de manos de Tim Berners-Lee y su equipo, en los años 90. Desde entonces ha llegado a todas partes, hasta lugares donde, como en el pueblo donde vivo, no llega la cobertura móvil pero sí la Red de Redes.
Pero además de ser herramienta, su efecto ha producido un cambio en nuestras vidas, de las perspectivas y nuestro funcionamiento diario, en el modo en que nos informamos, nos formamos y aprendemos, investigamos, trabajamos o nos relacionamos.
No es una excepción el modo de Comunicar la Ciencia. De aquellas páginas web para la comunicación entre físicos, a los que proporcionaba un formato unificado de publicación de datos, informes, resultados, al denominado Internet de las Cosas -IoT- en nuestra vida cotidiana, apenas han pasado treinta años -no en vano se sigue hablando de la Brecha Digital– y la proyección de futuro parece enfocada a esa vida virtual, a la que la sociedad va entrando, y se mueve con más o con menos dificultad.
Los medios más tradicionales, periódicos, revistas, la radio o la televisión han creado sus zonas y servicios digitales y el consumo de información “a la carta” es uno de sus productos estrella. Desde mi punto de vista, estas formas de comunicar aún son necesarias para las personas no- nativas digitales, porque conservan las estructuras tradicionales de los periódicos, revistas y medios audiovisuales de toda la vida, para no desligar a esa parte de la sociedad que busca ese tipo de medios para informarse.
Lo mismo ocurre en la Educación, donde se han adaptado los entornos de aprendizaje a Internet, y encontramos plataformas y módulos educativos parcial y totalmente digitales.
— Sin ir más lejos, este máster no se conferiría sin Internet; recibimos la formación online, generamos contenidos y nos comunicamos por el blog, foros y redes sociales. Nos da herramientas y aptitudes digitales, que yo desconocía o nunca había puesto en práctica – y con mayor y menor acierto- me están resultando de lo más divertidas, y útiles desde la empatía. Uno de los objetivos del máster es que aprendamos a comunicar la ciencia desde y para la sociedad, a divulgar contenidos científicos en Internet de forma accesible, atractiva, curiosa o divertida, aunque rigurosa; que aprendamos otro modo de comunicar la Ciencia, en Internet como Cultura.–
Las bibliotecas y museos también se están adaptando, trabajando para estar más accesibles y ofrecer información al gusto de la comunidad. Esto supone un cambio no solo de mentalidad y perspectiva sino de lenguajes, herramientas, y procesos técnicos que llevan su ritmo, pero que proporcionarán información de calidad y mejorarán la comunicación de la ciencia. En esto, la Ciencia Abierta también tiene mucho que aportar.
Lo que se denomina la democratización informativa porque permite crear herramientas de uso colectivo, crear contenidos, trabajar de forma cooperativa o participar libremente y comentar- la participación ciudadana– así como, actualización continua de la información o el contacto permanente con la audiencia, también ha traído consecuencias no tan ventajosas: una sobresaturación de información desorganizada -y las fake-news– que puede llegar a crear desinformación, confusión y de alguna forma, cierta censura.
Aún quedan muchas cosas por hacer -muchas fuera de nuestro alcance, como normativas, éticas y concienciación, protección de derechos, por ejemplo sobre el uso que le se le da a los datos que generamos-; otras, pueden estar a nuestro alcance: crear, recomendar o redireccionar información científica; proporcionar herramientas que nos ayuden a diferenciar una información de calidad de una que no lo es; herramientas útiles para la formación y el aprendizaje en el pensamiento crítico; herramientas que nos ayuden a seleccionar y validar si una información es de calidad, a verificar su autenticidad.
En definitiva, Internet es ya pasado, presente y futuro.
La base y el medio más eficaz donde comunicar la Cultura Científica para el futuro.