Cinco métodos principales para elaborar alimentos funcionales

Para este ejercicio, he ojeado mi despensa y he cerciorado que consumo muy pocos alimentos funcionales. Como hoy es día de #quedatencasa, en lugar de ir al supermercado he recurrido a la compra online para escoger los productos por los cinco principales métodos de elaboración de alimentos funcionales que expongo a continuación:

  1. Eliminación de un componente que cause un efecto perjudicial al consumidor en general o a un determinado grupo de consumidores.

Recuerdo hace años, cuando trabajaba en una tienda de alimentación, que vendíamos algunos productos de tipo funcional. La pasta sin gluten, por ejemplo, rondaba los 5€. Siempre pensé la suerte que había tenido, ¿cuánto podía costar la cesta de la compra de una familia con algún integrante celíaco? Hoy día, afortunadamente, la producción de estos alimentos es más barata, ha aumentado el consumo y los precios se han abaratado, aunque siguen siendo, en este caso, casi el doble de caros que el producto con gluten (plumas Nº 6 Gallo, paquete 500 g a 0,89€).
Por otro lado, en el caso de las bebidas sin alcohol hay otros factores que influyen en el precio, como el IVA. Los sin alcohol son una buena alternativa a los refrescos tradicionalmente alcohólicos pero desafortunadamente igual de caros.

  1. Incremento de la concentración de un componente que ya poseía previamente el alimento convencional (alimentos enriquecidos).

Como siempre, el hecho de tomar productos enriquecidos podría resultar a veces bueno y otras no tanto para nuestro organismo; siempre deberíamos controlar la «dosis» adecuada de lo que ingerimos. Así, para complementar una dieta puntual baja en vitaminas o calcio podríamos recurrir a este tipo de productos o estrategias.

  1. Suplementación de un alimento con un ingrediente que no poseía originalmente.

He elegido estos productos porque tienen muy buena aceptación social. Convivimos con muchos microorganismos que nos ayudan en todos los“procesos» biológicos de nuestro cuerpo. Lactobacillus Casei es uno de ellos. Puede ayudarnos en momentos puntuales pero su ingestión prolongada tampoco ha demostrado que influya en nuestro organismo e incrementa el precio del producto en sí (yogures, papillas, etc.).

  1. Sustituir un componente con efectos perjudiciales o nocivos por otro que posea efectos neutros o positivos.

El chocolate elaborado «sin azúcar» (con sustituyentes), dentro de la misma marca, cuesta 15,04 €/Kg, casi dos euros más caro (~18%) que el tradicional con sacarosa (12,75 €/Kg). La marca “sin”, sustituye el azúcar que normalmente es sacarosa (glucosa+fructosa) por un edulcorante basado en glucósidos de esteviol. El pan sin sal, no tiene tanto éxito comercial pero es muy recurrente para personas que tienen la tensión alta y una recomendación general para todo el mundo en general.

  1. Alimentos que tienen alterada la biodisponibilidad de alguno de los nutrientes presentes en un alimento convencional con el fin de obtener un efecto positivo sobre la salud.

El uso de este tipo de productos, llevan una serie sustancias que ayudan a las personas con necesidades nutricionales especiales, como las que pueden tener problemas con algunos nutrientes la lactosa, o acumulen cantidades mayores de colesterol. En el caso de la leche sin lactosa, no es que se extraiga la lactosa de la leche sino que se introducen enzimas lactasa que rompen las moléculas de lactosa. Es, por tanto, más digestiva para personas intolerantes a la lactosa pero solo el 30% de la población sufre intolerancia a la lactosa diagnosticada; por el contrario, el consumo de productos sin lactosa ha aumentado un 27%. Esto nos dice que la estrategia de publicidad funciona.
En cuanto al yogurt para beber, contiene éster de esterol vegetal (2,6%, del cual 1,6% esterol vegetal libre) añadido, con el fin de prevenir la acumulación de colesterol, alertando en su envoltorio el consumo máximo (dosis) de este tipo de productos al día.

El problema de estos productos sigue siendo la confusión que genera su consumo debido a las campañas de publicidad agresiva, a veces poco acertada, sobre el uso y consumo de los mismos. Además de esta difusión, a veces errónea, de la información para la comercialización, otro problema añadido es que resultan caros, a veces justificadamente y otras no tanto, y puede ser un problema para las personas que necesitan estos alimentos por necesidad básica.

Para conocer y consumir de forma responsable este tipo de alimentos, la Agencia de Seguridad Alimentaria (AECOSAN) en su página web, nos ofrece algunas recomendaciones alimentarias; El Instituto de Medicina y la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos también creó una guía diaria recomendada para indicar a los consumidores qué cantidades pueden ser recomendadas o peligrosas.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar