En 1959 C.P. Snow impartió una polémica conferencia titulada “Las dos culturas” donde denunciaba la falta de comunicación entre las denominadas ciencias naturales y ciencias sociales y humanas. Una separación (mutua) entre literatos y físicos resistentes (ambos) a mantener una intercomunicación o formar cualquier vínculo a pesar de aquello que pudieran tener en común. Según Snow, ambas culturas por separado eran incompletas y era urgente afrontar esta brecha que incidía en última instancia en la sociedad. Para ello proponía atajarla con medios educativos, dar un nuevo enfoque a la educación formal, que llevaría como resultado la integración de ambas culturas, ambos grupos, para el propio bienestar y progreso de la sociedad. Una nueva revolución científica.
Posteriormente, en 1963, escribió una revisión de aquella conferencia, donde proponía un nuevo concepto, “la tercera cultura”, que posteriormente acuñó J. Brockman como título en un libro divulgativo de 1995. Sin embargo, los matices de estos dos pensadores respecto a qué debía ser la tercera cultura eran diferentes.
Para Brockman pasaba por crear una nueva cultura, la tercera cultura, con sus propios eruditos, expertos en ambas ciencias, a los que como editor, dio voz en sus libros de divulgación; para Snow, por el contrario, no se trataba de crear ninguna nueva cultura sino de interconectar las dos existentes, destruir la falta de comunicación entre los científicos y literatos. Para Snow, el fin de este entendimiento era llegar a una sociedad mejor y su progreso, partiendo de la educación, pero este fin no era asumido entre los objetivos de Brockman (Umerez, 2019).
Lejos de un entendimiento, en los años noventa, se produjo un nuevo conflicto de culturas, “la guerra de las ciencias” iniciada por Sokal y seguida por Gross y Levitt que abrió la brecha polarizando ambas culturas y que aún no ha sido resuelta del todo (Umerez, 2019).
Como alternativa Umerez (2019) nos propone la filosofía como instrumento de intervención.
<<Se trata, en definitiva, como mínimo, de acompañar y reforzar a la propia ciencia crítica (science criticism, Proctor, 1991), que discute la neutralidad de la ciencia explorando la conexión entre las implicaciones de la ciencia y su contenido; o de prestar atención y demandar más ciencia responsable, como la que encontramos en la reciente, pero reiterada, advertencia de la comunidad científica -scientists’ warning to humanity- acerca de la urgencia y gravedad de la crisis medioambiental (Ripple et al., 2017).
(…) superar el hiato entre las dos culturas por medio de mejoras en la educación que permitan construir puentes y el desarrollo de una tercera cultura en la que las ciencias humanas y sociales por un lado y las ciencias naturales por otro puedan enriquecerse mutuamente, en un marco de colaboración y discrepancia genuinos que proporcionen mejores y más poderosas formas de intervenir en los problemas sociales y ambientales.>>
Mi opinión en este sentido concuerda con la de Snow y pienso que es necesaria la inclusión en la educación, y entender una cultura científica en la que ambos grupos puedan enriquecerse mutuamente en colaboración, como dice Umerez, y con el fin de llegar a la sociedad desde la base y poder intervenir en ella de forma responsable.
Referencias:
- Snow. “Las dos culturas. Un segundo enfoque” 1963
- Blockman. “Introducción: la tercera cultura que emerge” 1995
- Umerez. El reto de la tercera cultura de Snow: nuevo ámbito de intervención para la filosofía




